
C-1/D
Administrador de buffet
California, Hawaii
Recién graduada de la universidad, Lissette estaba ansiosa por mejorar su inglés, aprender un nuevo idioma y viajar. Trabajar en un crucero parecía una combinación perfecta. Los coordinadores del programa en su universidad la pusieron en contacto con una agencia de contratación, que la conectó con una línea de cruceros basada en California. Poco después, ella estaba lista para embarcar a los Estados Unidos. Al llegar a California, Lissette fue asignada a una ruta, sin saber dónde estaba el crucero. Aunque tuvo dificultades para leer su contrato en idioma inglés, Lissette confió en que una compañía respetable y estadounidense le proporcionaría una experiencia positiva. Ella nunca podría haber imaginado lo que la esperaba.
Durante los siguientes dos meses, Lissette sufrió agotamiento y angustia psicológica en un ambiente hostil que describió como “autoritario.” Con tareas de servicio de comidas, Lissette trabajaba día y noche. Los descansos que se le habían prometido resultaron ser de apenas cuatro o seis horas, el único momento que podía usar para dormir. Sin pago de horas extras, sus ganancias ascendieron a menos de $4 por hora. Habiendo recibido capacitación laboral insuficiente, vivía con el temor constante de su supervisor, quien ridiculizaba al personal y llamaba la atención por sus errores sin piedad. Ella no siempre tuvo acceso a su visa y pasaporte, que se guardaron “en custodia” en una oficina de la compañía.
Vivir en “confinamiento constante” y tener poca comunicación con su familia solo empeoró la situación. Lissette observó cómo el trabajo afecto a sus compañeros de trabajo, que se auto medicaban con drogas, alcohol, o sexo. Temiendo represalias, la mayoría guardó silencio sobre su trato que recibían. Ella escuchó acerca de ataques sexuales perpetrados por los supervisores, que libremente pedían favores sexuales al personal femenino. Ella y sus compañeras de barco obtuvieron un breve respiro cuando estaban en el puerto, cuando a aquellos con visas se les permitía visitas de seis horas al continente. De todos modos, el cabello de Lisette comenzó a caerse. Meses después de regresar a México, Lissette se estremeció al enterarse de que uno de sus compañeros de tripulación se había suicidado.
Aunque Lissette ha buscado la justicia activamente para su caso, le han dicho que las probabilidades están en su contra. Hoy, aboga por más descansos de trabajo, pago de horas extras, y mejores condiciones de vida para las y los trabajadores de cruceros. Ella es franca sobre los peligros de la contratación engañosa, deseando que los reclutadores expliquen a fondo los derechos contractuales y las responsabilidades de las y los trabajadores para que las y los posibles trabajadores puedan tomar decisiones informadas sobre su empleo.
“Yo confiaba tanto en una empresa estadounidense … Pensé que me iban a pagar las horas extra que trabajé. Pensé que iba a tener más control. Estaba muy engañada.”
