Johanna
J-1 Au Pair
Au Pair
New York, California

Johanna, una maestra, quería perseguir su sueño de trabajar con niños con discapacidades, pero ella no pudo encontrar empleo relevante en El Salvador. Luego de descubrir el Programa Au Pair J-1, ella pensó que sería una oportunidad para enfocarse en su campo mientras tenía una aventura. Leyendo la descripción del programa de intercambio cultural, estaba dispuesta a pagar la tarifa del programa requerida para la participación. Johanna creía, por la publicidad de la agencia patrocinadora, que ella sería considerada una “hermana mayor” en una familia estadounidense, y que ella podría ir a la escuela.

Antes de comenzar a trabajar cuidando de tres niños con una familia de acogida en Nueva York, le habían dicho a Johanna que tendría derecho a dos días de descanso cada semana. Sus nuevos empleadores pronto le informaron que, a parte de los días enferma, cualquier día libre debía ser solicitado y aprobado. Frente a tantos niños, uno de ellos autista requiriendo cuidado especial, Johanna sintió que nunca podría tomar un descanso. A pesar de que se suponía que el trabajo incluía habitación y comida, sus empleadores cocinaban para sí mismos, protegiendo su comida con etiquetas, y evitando llevarla al mercado. Sus empleadores le proporcionaron un subsidio semanal de $20 para suplementar su salario promedio de $4.22 por hora, con el que se esperaba que se alimentara a sí misma. Ella trajo sus problemas a la atención de su asesora local de cuidado infantil (LCC), que “no pareció importarle.” Su ubicación y la falta de acceso al transporte la dejaron sintiendo aislada y sola. Nostálgica y constantemente preocupada por el dinero, ella luchó con su decisión de quedarse, pero se sentía avergonzada de volver a casa sin dinero y ninguna mejora en su inglés. Finalmente, harta de su situación, Johanna se fue cuatro meses antes de que su programa terminara.

Johanna desea que las agencias de reclutamiento J-1 sean transparentes en las expectativas tanto para las au pairs como para las familias anfitrionas, y que los empleadores deberían estar mejor educados. Su mayor frustración es que las agencias de contratación describen el programa de una manera poco realista, vendiendo “dos realidades diferentes” para familias y au pairs. Ella siente que a “ambas partes se les vende algo irreal; las familias piensan que están recibiendo niñeras más baratas, y las au pairs quieren explorar. La compañía dice que serás [un]par de manos extras, no un empleado.”

“Cuando tú vienes a los Estados Unidos, tú piensas que conocerás personas, ganarás dinero y aprenderás inglés. Pero tú no puedes hacer nada de eso. Tú estás con un bebe todo el tiempo y ganando muy poco. Yo dejé el programa porque no estaba ayudándome a alcanzar mis metas por las cuales yo vine a los Estados Unidos.”