
H-2B
Empacadora de chocolate
Louisiana
Mientras estaba creciendo, Adareli nunca entendió por qué alguien querría dejar su ciudad natal en Hidalgo, México, para ir a trabajar a los Estados Unidos. No fue hasta que se graduó de la preparatoria tras batallar para conseguir un empleo, que consideró migrar. El proceso de reclutamiento fue competitivo y difícil, especialmente para mujeres; mientras que los hombres en su comunidad tenían la posibilidad de solicitar a trabajos H-2A y H-2B en diferentes industrias, a las mujeres solo se les ofrecían trabajos de fábrica H-2B. Sus reclutadores locales argumentaban que las mujeres poseían ciertas limitaciones físicas que las descalificaban para ciertos trabajos.Cuando Adareli llegó a la fábrica en Luisiana, encontró que sus supervisores no la respetaban ni a ella ni a sus compañeras de trabajo, ni como mujeres ni como seres humanos. Además de eso, se dio cuenta de que los hombres ganaban más, llevando y apilando cajas, mientras las mujeres empacaban chocolates en las líneas de embalaje. En las palabras de su jefe, el rol de las y los trabajadores solo era trabajar; la compañía no toleraría quejas ni enfermedades. los trabajadores tendrían derecho solo de trabajar, y a no quejarse o enfermarse. Habiendo pagado por costos de transporte y de visa, Adareli continuaba trabajando para pagar sus deudas. En su cuarta temporada de trabajo, Adareli y setenta colegas dejaron de trabajar, exigiendo estándares labora les justos. Después, las condiciones de trabajo empezaron a mejorar levemente; sin embargo, el miedo de Adareli por posibles represalias se hizo realidad cuando la compañía decidió no contratarla a ella o a sus compañeros de nuevo.
Adareli ha dedicado gran parte de su tiempo y energía a luchar por los derechos de las y los trabajadores y por la transparencia en el reclutamiento. Ella desea que los reclutadores fueran honestos con las y los trabajadores migrantes sobre los términos de empleo, y que los empleadores dieran a las mujeres las mismas oportunidades de demostrar sus habilidades. Ella aboga por una mayor movilidad laboral, argumentando que las y los trabajadores migrantes deberían poder cambiar de empleador para escapar de condiciones de trabajo explotadoras y buscar empleos justos en los Estados Unidos.
“Yo hablaba con mis compañeras de trabajo sobre nuestros derechos para que pudiéramos defender nuestra dignidad. Pero me di cuenta que en ese ambiente, el miedo aún nos impedía defendernos como debería ser; miedo a perder nuestro trabajo, tener que regresar a México, y a no poder mantener a nuestras familias. Deseo que, como migrantes, no tuviéramos que estar atados a un empleador, sin poder cambiar de trabajo frente a condiciones injustas.”
